AUTOBIOGRAFIA

15DEC18

 

 

130. Joak el Yucateco

 

Escribir una autobiografía es como limpiar el closet enorme que durante setenta y dos años se ha ido llenando de tiliches, -experiencias y recuerdos que se añejan en la soledad de la conciencia, del sueño-: Los cochinitos ya están en la cama. Muchos besitos les dio su mamá.

 

Joak el yucateco fue quien me empujó a la alberca de la escribidera, por la espalda y a la mala. Para calmar la conciencia ofreció corregir los primeros capítulos. Tiene ojo de lince para el gazapo y la gerunditis; experto encandilador de almas me enredó en hilitos, cordones y cadenas con el cuento de vas bien, muy bien.

 

Por definición la autobiografía es un acto de vanidad que sólo tiene perdón si se escribe al llegar a la frontera de la vejez, cuando la región más transparente se enturbia, la artritis entorpece las articulaciones y el Advil es el amor de tu vida. Decidí publicar cada capítulo en el internet, sin presiones, como buenamente fueran saliendo. Salieron en desorden. Pensar en método cronológico sonaba a pesadilla y era imposible dado que, como me decía mi madre: Tienes  memoria de gallina.

 

Un mes después releí lo escrito. Uff, amigo, ¿Está seguro que quiere seguir berborreando tanta babosada? Parecían memorias escritas durante una borrachera de albañil, Inyectadas de un entusiasmo pendejo e incontrolable. Me contesté que no. Era un lunes. Dado que subía el escrito al internet los sábados, tuve tiempo de pensar y repensar el asunto durante varios días. El viernes decidí que continuaría, pero había que poner frenos al entusiasmo de adolescente y revisar diariamente lo escrito. Hacía cuarenta y tantos años que no tocaba la prosa, sólo escribía canciones, es decir, versitos y estribillos.

 

Mi última experiencia en redacción se remontaba al año 1971, cuando recién salido de la Compañía de Jesús me incorporé al personal de la revista de caballos de monta, El Mundo del Salto, que dirigía Manolo Larrea, amigo y consejero durante la etapa de mi regreso al século, es decir, el mundo real de pesas y medidas, de la carrera de ratas corriendo de la casa al trabajo, del trabajo al bar y el fin de semana a Cuernavaca, a la finca de algún amigo a solear la barriga y sorber Coronas.

 

Llevo ya como...dos años con la aventura. La autobío acomoda etapas, recuerdos, errores, aciertos. Revivir es corregir.


Después de salir de la alberca, escurriendo agua como morsa extraviada, le di las gracias a Joak el yuca, quien todavía le lee y me sigue diciendo: Vas bien, vas muy bien.