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a u t o b i o g r a f í a

3.abril.2021

 

347. La Sequía

 

La yegua bruta le partió el espinazo

Lo llevaron al hospital.

Los piscadores regresaban de los campos

Durante el día zumbaban las libélulas

Por la noche los mosquitos

 

La gente se moría en bailes

Tecate y pistolas eran combinación letal

Hervía la rabia al Banco Ejidal, a los patrones, a la perra vida.

 

Largas peregrinaciones de curas, monaguillos e incienso aplacaban las sequías

Un cielo estreñido de lluvia y completamente indiferente les echaba el reflector incandescente del sol y gritaba:

 

¡Luz, cámara, acción!

 

A la inutilidad del cura seguían los matachines y chamanes

 

Después: la desilusión, la rabia...

Y cuando la pérdida de la fe contagiaba las almas y  refundía su humanidad hasta el quinto infierno... ¡llegaba el agua!  Tarde. Los minúsculos capullos de algodón, secos y cenizos, presagiaban un invierno sin Santo Clos, Niño Dios ni Reyes.

 

Finalmente Mataron a la yegua bruta

Los indios la destazaron metódicamente

La asaron en carbón

Y se la comieron.

 

 

 


 

27marzo2021

 

346. Los Cincuentas.

 

Zumbido de colibrí

Sueño de astronauta

Zig zag

Broma galáctica

Anhelo de agua

Sed de infinito

 

Días tomados de la mano

Años perdidos

 

Del capullo a la mezclilla

De la limonada al tequila

Del tequila al abismo

 

Saca el cuchillo

Y a rajar el día

Como naranja:

en dos, en tres, en cuatro.

 

Al pizarrón, mi ignorancia

A la vida el dolor

A la piel el beso

Al cielo las nubes

La mano en la pistola

El billete en la cartera

Ay el Ganges!

Ay el Nazas!

¡Rios imaginarios que ni riegan ni ahogan!

¡Rios cobardes!

 

Pescados de ojos abiertos y al mojo de ajo.

Lucha a muerte de árboles y tolvaneras

Colomitos lejanos

Aguas de mayo

Galope de junio

¡Ay del fin de año!

 

Calabaza de cenicienta vestida y alborotada

Delfines de Neptuno chapoteando en la bañera

 

¿Y qué fue del siete leguas?

¿Y el perro mechudo?

¿La niña bizca?

¿La sirvienta respondona?

¿El caporal de ojos de loco?

Nada

Nada

Nada...

 

 


 

 

 

Marzo.20.202

 

345. Mi viaje a Veracruz en 1969

 

Lloraba el caimán en La playa:  En Egipto soy Dios y cóctel en Veracruz. Tengo la boca grande y mis ambiciones son pequeñas.

 

El río se sale de madre, Los peces agonizan revoloteando en las orillas, las aguas se vomitan en aldeas y sembradíos y yo me cuelo en las granjas y me almuerzo guajolotes, gallos y gallinas.

 

Hay una horrorosa canción que me sitúa en Barranquilla, con versos léperos de una vieja y un viejito... Digo: ¿no hay respeto ni para los reptiles? Carajo.

 

En cambio mis devotos egipcios me hicieron divinidad del Nilo, protector de faraones, guardián de la fertilidad y acicate del espíritu militar. Soy todo un evento en el Medio Oriente. Y aún así sigo siendo cóctel en Veracruz. ¡Vaya con la burra baya!

 

Se insulta a mi esbelta persona con aquello de que lloro  lágrimas de cocodrilo... obviamente insinúan "de que" —como dice el KKs— son lágrimas falsas e hipócritas... Ignoran que nosotros tenemos también nuestro corazoncito, frío, cierto, que lo reptilesco no quita lo valiente, pero corazoncito al fin y al cabo.

 

El Houdini coahuilense adoptó mi nombre de divinidad egipcia: Zovek. Lloré mucho cuando lo vi hacerse papilla al hacer suertes colgado de un helicóptero en 1972.... Despuès de Benjamín Argumedo había sido el individuo más famoso de la región Lagunera.

 

Bocón, rasposo, agresivo... vaya que me odian. Me cazan en A´frica, Australia y el continente americano para transformar mi epidermis en bolsas, botas y cinturones.... ¿Pues no que era yo tan feo? Pero eso fue en el pasado. Hoy en día estoy protegido, lo mismo que hipopótamos y elefantes, por las Naciones Unidas, Doctores sin Fronteras y todas esas asociaciones humanísticas, y casi soy gloria nacional, patrimonio de la humanidad y héroe de los reptiles... 

 

 


 

 

 

Mar.13.2021

 

344. Mickey Mouse

 

El ratón siempre encuentra una salida cuando se siente  acorralado. Sabe que sus chances son mínimos pero su herencia genética le ha enseñado innumerables formas de sobrevivir, de salir del paso, de burlar al enemigo: en éste caso la abuela y yo. Vi al roedor, muchas veces, atrapado y sin salida, emboscado por dos escobas a punto de hacerlo papilla, y aun así siempre encontraba la forma de retrasar la ejecución. La parte cómica venía cuando el sujeto en cuestión corría a toda velocidad alrededor del cuarto de baño entre excusado, lavabo, tina, bote de basura y nuestros pies, provocando histeria, gritería y zapateado flamenco de abuela y nieto.

 

Aprendo, acepto y doy honor a los roedores, maestros del truco, el brinco, la magia, la velocidad y la evasión. Valoro su recuerdo, sus lecciones y estrategias de supervivencia. Me dicen el Gato, pero en realidad he sobrevivido como roedor en éste apestoso mundo. Tantas veces me he librado crucigramas, trampas y laberintos que no se si debo dar crédito a Dios, o a los ratones. O a ambos, ¿por qué no?

 

Ni Simbad, Marco Polo, Ulises, Magallanes, Henry Carriere, Henry Hudson ni Houdini y demás aventureros y escapistas han tenido el arte, la logística de escape, las agallas, el insight y la soberbia de estos pequeños, simpáticos y asquerosos personajes. Aprendí las bases de sus tácticas y las apliqué en los momentos cruciales de mi vida. Cuando se me dejaba venir el escobazo cuando había decidido hacerme burguesito de corbata, traje y pelo largo de salón... pero reaccioné a tiempo, tiré a la basura el casimir y la seda y tomé el directo de Iberia a Madrid.

 

A los 17, cuando la escoba del qué vas a ser cuando seas grande casi me rompe el hocico me fui de jesuita enratonado en el tren Torreón-Guadalajara.

 

Muere mi madre, evito el garrote vil del shock, la angustia, el dolor, la ausencia, cierro el capítulo de León Guanajuato y abro el de la Ciudad de México.

 

Evité el casorio con X y Y, abandonándolas respectivamente de la manera más cobarde y terrible, casi ya vestidas de blanco y alborotadas. Fueron cobardes escapadas de roedor. Las dos fueron decisiones correctas, pero la forma, por el amor de Dios, qué poca madre la mía.

 

 


 

6.mar.2021

 

343. La Jaqueca

 

Era el 2 de noviembre cuando llegue al retiro de los Pirineos, muy enfermo, muy cansado. Las altas temperaturas me habían hecho delirar durante días y mi cerebro estaba en estado catastrófico. Vacío de ideas, frágil, confuso, envuelto en una delgada membrana que me forzaba a moverme en cámara lenta para no romperla.

 

No había sido mi idea, ni siquiera sabía de la existencia de esta casa de campo en las montañas que bordeaban la frontera de Francia y España. Lugar idílico, ideal para escribir un libro, componer música, meditar, soñar, planear nuevas tácticas de vida y, por supuesto, convalecer y retomar fuerzas.

 

El monje pedante tocaba al piano sonatas de Beethoven, al atardecer, mientras el monje cocinero horneaba pan de trigo silbando sardanas. El monje filósofo acompañaba a los pastores de cabras y vacas por los valles, y yo, el anciano joven, seguía viendo con ojos hipnóticos la belleza pirenaica a través de la magnífica ventana de la sala, con la mente cuatrapeada y la memoria ida. Tenía veinticuatro años y me sentía de ochenta. Dos semanas de constante dolor de cabeza, sin comer ni dormir, alimentado de suero y te de manzanilla, situación que me había dejado a las puertas de la locura, o quizás, de la muerte. Los médicos no atinaron a saber exactamente qué era lo que padecía y al final concluyeron que seguramente era asunto mental, de lo cual yo no tenía la menor duda. Hablaban en voz baja con el abad de Monserrat y alcancé a escuchar algunas palabras: mexicano, buen chico, huésped de la abadía, ex jesuita, músico... Me hizo gracia lo de buen chico...

 

Quizás vomitaba el proceso de salida de la orden jesuita...proceso que tomó cerca de dos años para concretarse. Hice una tanda de ejercicios, varios retiros de meditación, consultas con amigos y directores espirituales y finalmente decidí viajar a Europa, al oráculo de Copenhaguen a consultar al Chamán mayor para que me diera luz en la decisión más importante de mi vida. Turisteábamos la ciudad durante el día y al llegar la noche, en la misma casa donde había vivido Kierkegaard hablábamos de mi asunto. Un día antes de regresar a México, después de una semana, durante la noche nos soplamos dos botellas de Rioja y dos pizzas para concluir el asunto. El tipo no soltaba prenda, lo cual era muy su estilo porque como visionario jamás daba recetas: solo señales, pistas; ofrecía posibilidades pero mi decisión era mi decisión.

 

A la media noche, a la mitad de la botella de tequila guardamos silencio para escuchar el flautín y tambor del cambio de guardia del castillo Rosenborg, a espaldas de la casa. Para entonces la sesión había terminado y la próxima media hora la dedicamos a hablar de recuerdos de México, de sus amigos hippies, de sus misas en la capilla del filosofado y su melena de nazareno.

 

Tomé el último tren a Frederiksverg, donde rentaba un cuarto en la casa de Mette, una adorable viejita, amiga del chamán que me hospedaba en su casita de cuento de Andersen en medio del bosque y que me preparaba platillos deliciosos con galletitas, café y Grand Marnier como postre.

 

 


 

Feb.28.2021

 

342.Gansos canadienses

 

Los gansos canadienses son lentos para caminar. Bobos. Su estructura ósea mueve cabeza y patas simultáneamente como títeres mientras picotean semillas en parques o papas fritas en los alrededores del McDonalds. Hay miles y miles a las orillas del lago Ontario. Seguramente han existido desde el principio de los tiempos, y fueron platillo favorito de los primeros habitantes del continente americano, aunque es conocido que la carne de ganso es más dura que la de caballo.

 

Frente a nuestro edificio, detrás de las arboledas se encuentra el llamado "Lago de los Cisnes",  pequeño espacio de agua, de dos por dos kilómetros donde viven y conviven alrededor de mil gansos. Pequeño pero importante porque une las corrientes de dos Ríos, uno que viene de las cataratas del Niágara y el otro que continúa y desemboca en el lago Ontario.

 

Durante cinco años hemos convivido con los gansos de éste simpático lago. Vecinos más interesantes que los del condominio. Comparando gansos con humanos, las aves salen ganando sin duda alguna. Si durante las migraciones al sur —viaje de miles de kilómetros—, un ganso ancianito ya no puede volar, aterrizan con él dos jóvenes y le hacen compañía. Durante la pandemia las casas de retiro canadienses han estado expuestas a la prensa y su récord es terrible. Docenas de casos de abuso y descuido a ancianos. ¿Cómo, en Canadá, Gato?, imposible... Así es, ser ruco no es fácil en ninguna parte del planeta. Los gansos resultan más humanos.

 

Desde tiempo inmemorial los gansos del Lago Ontario emigran, en invierno, al sur del continente, urgidos por la escasez de alimento, pero el buen corazón de los habitantes de la región, que los alimenta durante años con migajas de pan durante diciembre, enero y febrero, detuvieron gradualmente la rutina anual y las aves prefirieron los ajos y cebollas de Egipto/Ontario a emigrar a los paraísos que abarcan de la Florida a Venezuela.

 

El séptimo piso es asiento de primera fila para admirar el vuelo diario de los gansos. La razón es sencilla: estamos a un kilómetro de su pista de aterrizaje y despejo. Del caminar atarantado y bobo pasan al vuelo espectacular, a las Ves perfectas, al radar comunitario que detecta alimento, agua y predatores. La V les permite romper el viento ahorrar 70% de su energía, comparada a volar solos. La posición del líder se alterna durante el largo trayecto.

 

Tienen que poner energía y concentración al despegar, dado que son pesados y necesitan un gran esfuerzo para elevarse. Si hay fuerte viento en contra la V se deshace de inmediato y tienen que redoblar energía para conservar la formación. Tienen sistema de radar integrado que les permite leer las corrientes de viento, viajar de noche, ajustar diferentes trayectorias y planes de vuelo.

 

Los hemos visto casi chocar contra el edificio —10 pisos de alto— y pasar rozando la construcción luchando contra tormentas o ventoleras. Van divididos en grupos de veinte o treinta, aunque en ocasiones vemos hasta cien gansos haciendo una V monumental.

 

Hay vuelos ruidosos de aleteo y griterío comunitario que alborota la región y hace ladrar perros y atraer las miradas de la población. Según los expertos los graznidos durante el vuelo son para animar al líder.

 

Durante la primavera vemos a las parejas caminar sus crías, cinco o diez bebitos, futuros héroes de los aires, por el pequeño valle frente al condominio, en fila india, bien formaditos, detrás de sus padres . En mayo los vemos aprendiendo a volar, trayectos breves precedidos por aleteos de práctica..

 


 

feb.20.2021

 

341. Pekín

 

La Ciudad Prohibida, la guardia de Mao, las escapadas a media noche a la Gran Plaza, los interrogatorios policíacos callejeros, la cerveza con sabor a mierda Y los huevos podridos supuestamente gourmet del restaurante del hotel, el ballet chino de técnica perfecta y mensaje político bobo, el guía pekinés con acento catalán, los hippies británicos, El barco del mármol a la orilla del río que mandó construir la reina que tenía terror de morir ahogada, los templos budistas de Mongolia, El exquisito pato laqueado de Cantón, la completa falta de anuncios comerciales en calles y edificios, las multitudes vestidas de gris caminando como robots sin guía ni esperanza, Los ancianos practicando Taichi por las mañanas guiados por aparatos de sonido en las plazas, el río Yangtse lamiendo un Shangai tan europeo que me sentía en el Chicago de los treintas, el trafico de coches viejos pitando sin parar entre las multitudes que caminaban en calles y banquetas, los niños boy scouts de Mao  indoctrinados por la metanoia comunista, el calor abochornante, mi misión de angel exterminador (Al salir de China murió Mao y cuando dejé España murió Francisco franco).

 

Todas estas ideas revoloteaban en mi mente, recién salido de la China maoísta,  mientras sorbía un whisky doble en el piso número 20 del hotel Ilikai en Honolulu. Tardaría meses en asimilar el absurdo pero interesante viaje a China comunista. Turismo de izquierda.  Castro y Mao eran mis héroes en esos tiempos. Justifiqué el hotel de lujo imaginando a Marx en París, comiendo y cafeteando en los mejores restaurantes de la ciudad mientras escribía El Capital. Tuve el mismo sueño absurdo las tres noches que pasé en Hawaii: miles y miles de cangrejos invadiendo las calles de Tampico, Tamaulipas, a la media noche, en masa, como una pesadilla de ciencia ficción.

 

 


 

 

13.feb.2021

 

340.The Shining

 

¿Sabes porque adivino lo que estás pensando? ¿Por qué sabía que te gustaba la nieve de vainilla? Durante mi niñez mi abuela y yo nos comunicábamos sin palabras, ella adivinaba lo que yo pensaba y viceversa: Y a eso le llamábamos: shining.

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Comunicarse sin palabras. Penetrar el corazón de la otra persona y diluirlo en el tuyo como si fueran uno solo, bañarse en el estanque de la ternura, de la identidad, del saberte entendido completamente, amado. Esta fue mi experiencia con el abuelo. Experiencia que muchos años después comprendería en su totalidad. Viví la niñez, ingenua, espontáneamente, sin saber que era un milagro que me salvaba y salvaría para siempre de la desesperación y el suicidio. Su recuerdo sigue nutriendo mi sed de infinito. Todo lo que aprendí sobre espiritualidad con los jesuitas, la fe, la esperanza, la caridad, la compasión y demás yerbas teológicas, me las había transfusionado, de corazón a corazón, el abuelo. 

 

 

Tras el sombrero ancho, el bigote poblado, las manazas peludas y la cuarenta y cinco a la cintura, había un alma tierna de paloma, un ser humano excepcional que ha acompañado siempre en la senda de la vida.

 


 

Feb.06.2021

 

339. Cruce de Caminos

 

Las transiciones fueron fáciles. Como cruzar el puente de la esperanza... de un lado dejaba atrás el problema sin resolver, en el otro me aguardaba supuestamente la solución. Más que realidad era un deseo; más que un proceso intelectual era un brinco emocional al abismo, o dicho de otra manera: mi estilo de hacer borrón y cuenta nueva. Posiblemente evitaba la lata de buscar, encontrar y resolver el acertijo. Daba vuelta en esas esquinas montado en  el caballo de ajedrez: un paso pa lante y dos patrás, vuelta a la esquina y engañas al alfil, vuelta a la derecha y atrapas a la torre, te burlas del obispo o abofeteas a la reina.

 

Claro que evitar un problema te lleva de frente a otro quizás peor, pero una vez cambiando las reglas del juego la mente se refresca y está en mejores condiciones de decidir. Nada como una pausa, un brake, un breve descanso en la ascensión a la pirámide de la vida donde a fin de cuentas en la cima te aguarda, nada menos, el cuchillo del sacrificio. Eso si tienes suerte, si no, acabas ahogado en el cenote Maya.

 

Pedí poco consejo porque me guiaba por instinto, por la latida y la inspiración. La niñez había sido una aventura extraña donde el mundo adulto estaba dividido en dos: Los prácticos y los soñadores. Por más que mi madre se empeñó en programarme hacia los prácticos el instinto de conservación me llevo completamente al lado opuesto. Pero tienes que tener una carrera, Fito, para que ganes dinero o de lo contrario te morirás de hambre.  Carrera, palabra mágica que en los sesentas era todo lo que se necesitaba para ser feliz. Como sacarse la lotería. Si eras abogado al recibirte ponías tu despacho, si médico tu consultorio, si ingeniero o arquitecto tu oficina de diseños. No importaba si eras malo, bueno, o si agarrabas fama de chueco y corrupto en tu despacho, carnicero en la sala de operaciones o constructor de casas que se caían a la primera temporada de lluvias. No había en la familia mucho ejemplo de universitarios, por lo que la proposición sonaba más bien a un deseo de brinco me sacaría del hoyo. Por alguna absurda razón, supongo que cosa de genes, yo era completamente diferente a todos ellos, al menos en los ideales y en la forma de matar pulgas. Tan cierto que una vez que tuve patas para caminar abandoné a la familia y la ciudad. Regresaba a entierros y bodas solamente.

 

 

 

En 1968, una vez terminado el encierro del noviciado de Puente Grande, me regí por el furioso en caliente y de repente que me llevó a terribles catástrofes pero también a increíbles iluminaciones, visiones y senderos mágicos.

 

El caliente y de repente más histórico de esos años, en la capital, fue mi escapada repentina a Europa, cuando en una noche de otoño, después de verme al espejo:(¡Pero qué elegante! Pelo largo aderezado en salón de belleza, uff, traje Valentino, anillo de oro, cara de "ya la hice y ya tengo carrera)", Asqueado de mi, me deshice de ropa, anillos y demás y arrojé a la basura todas las elegancias. Inmediatamente me dirigí al aeropuerto donde un Iberia me llevó al Barajas de Madrid.

 


 

30.enero.2021

 

338. La Curandera

 

A través de los años la abuela se ha ido transformando en mi mente en un personaje enigmático, interesante, mágico, como si de alguna forma de ella hubiera dependido todo el destino de la familia, el futuro y el presente, los nacimientos y las muertes, los triunfos y derrotas, las pérdidas y las ganancias. A fin de cuentas era ella la chamana, la visionaria, la curandera, que sobre la mesa del comedor recostaba a las gentes con mal de ojo, mala suerte, insomnio, problemas intestinales, artritis... Por un momento se esfumaba el ama de casa y aparecía la pitonisa de poder sobrenatural que imponía devoción y respeto. Yo, como su secretario y humilde sirviente de las cosas del más allá, era testigo directo de su concentración en ceremonias de yerbas olorosas y abanicadas, mientras el pulgar e índice de la otra mano pasaban las cuentas del rosario mientras recitaba no sé que oraciones y jaculatorias en voz baja.

 

Doña Trini, la abuela andariega, la cocinera eterna, la mata ratas, la albañil, electricista, la descabezadora de coconos y gallinas, la de los gritos y palizas, por un momento mágico cruzaba el velo de Maya y se transformaba en un personaje mítico, capaz de re acomodar salud y destino, amores, deseos extraviados y almas perdidas.

 

Sobre la mesa familiar, donde desayunábamos y comíamos, donde celebrábamos la Navidad y Año Nuevo, permanecían quietos los pacientes : doña Nacha, doña Carmen, doña María la andaluza, Chavelita, Toña Franch y las hijas y nietas de todas las vecinas. Nunca vi un hombre siendo barrido con hojas de pirul, ni con huevo en la panza ni carbón encendido para él, bajo la mesa. La abuela tenía una deuda antigua contra los machos. La habían relegado al status de parir bebés, organizar la cocina, el cabrito al horno, la carne adobada y lavada de platos...  Supongo que yo era la excepción, el elegido, el secretario de la magia. Claro que eso no me exentaba de las nalgadas, encierros y castigos.